La plataforma de streaming de películas y series que consume el planeta. (Menos China, obvio, Corea del Norte, obvio, Irán, ni idea y Siria, menos)

Imagen del logo de Netflix
Red Hastings, CEO de Netflix, pagó 40 dólares por una entrega tardía en Blockbuster. (Whaaaaaat???? Te los pago yo, man, encima de irresponsable, competitivo)

Argentina, 2006, un viernes salgo de la escuela y paso por el videoclub de la Montevideo y 23 para alquilar 3 dvds. “El cubo” me llama la atención, me la llevo porque me gusta la ciencia ficción; “Aeon Flux”? nombre raro, pero me vuelve loco Charlize así que ni lo dudo y ¿la tercera? Vamos a dejárselo al flaco del mostrador

  • ¿Alguna de terror, capo?
  •  “La llamada”, está asustando a varios…

Me la llevo, pago lo que debo y enfilo para el barrio. Este finde se peliculea duro.

¿Cuándo dejé de ir? Ni idea. ¿Cuándo cerraron? Estaba en otra así que no sé. ¿Quede debiendo algo? Probablemente. Lo único que sé es que después llegó la piratería, la venta ambulante en volúmenes, los vcd, mp4, etc. Y hace poco NETFLIX, ¡santo patrono de los que no les gusta salir!

Un amigo me contó la historia de cómo arrancaron los flacos a repartir películas por pedido y viendo el género que te llevabas te ofrecían otra, capaz que me chamuyó pero yo le creí porque todo está inventado hasta que uno inventa algo nuevo. El tema es que los tipos vieron que la comodidad es la maldición del ser humano y vendieron eso: comodidad.

¿Quién no se engancha con una serie y la quiere liquidar de un día para el otro? ¿Quién no calcula el tiempo de la película o de cada capítulo para poder ver a que hora va a terminar para volver a su vida? Incluso tengo una amiga que (no se si es la única) pegó el faltazo a una reunión familiar (cumpleaños o algo así) alegando con total impunidad estar “mal del estómago” para poder terminar una temporada de una serie. ¿A eso nos redujeron? ¿Esos somos? ¿Sus fieles consumidores de video contenido? La respuesta es simple: “Omitir intro”.

Para todos los gustos, también para los “traica” ñery.

La plataforma cuenta con 75.000 categorías, no géneros sino etiquetas que no se muestran en la app. En argentina tenés la D, la C, B metro, B nacional y primera A.

La variedad de la plataforma de streaming es surtida y para todos los gustos, (no, man, no hay porno), desde contenido infantil, pasando por pelis de “el pelado del transportador”, hasta Betty, la fea. En una casa promedio cada uno con su perfil administra sus series y películas como le place, podés poner tu nombre y elegir un avatar (el dibujito arriba del nombre) que quieras, así todos saben que ese es tu territorio y sos amo y señor de tus gustos fílmicos. Eso me trae a la mente discusiones familiares por “errores o equivocaciones” de familiares que se meten en tu perfil y se adelantan capítulos de tu serie: ¡mamá! ¡qué quilombo! “¿quién estuvo viendo en mi perfil?” “¿seguro que fuiste vos?” “los voy a matar a todos!” (nah mentira, no tanto, pero se pone heavy la cosa), calmate compa, solo tenés que volver para atrás en los capítulos con el signo de play con la rayita.

Y lo digo, sin miedo a equivocarme: no hay nada mejor que ver una serie junto a tu pareja, novio, novia, esposo, esposa, amante, jardinero (¿quizás?). No hay mejor pasatiempo compartido que ver pasión de gavilanes, ponele, junto al ser amado. Las explicaciones, las conclusiones de a dos, las discusiones sanas sobre lo que pasó, pasa o va a pasar, hermoso. Ahora, no vayas a ver el capítulo 4 de la segunda temporada de Gran Hotel sin el otro ¿qué? ¿lo hiciste? Ah bue, vos no tenés perdón de Dios, esa traición no es equiparable a nada conocido, ni Júdas se animó a ver el siguiente de Peaky Blinders sin los otros doce, no hay palabra que describa tal traición. Es más, hay un lugar en el infierno para aquellos que se adelantan capítulos de una serie que están viendo junto a otras personas.

Spoilers, como los odio (spoiler alert: crítica al consumismo)

En el 46% de las parejas, uno de los dos se adelanta capítulos en las series que ven juntos (ellas van a decir que somos nosotros, y nosotros vamos a decir que somos nosotros)

Pero ojo, Netflix (y las otras plataformas de streaming) nos dieron un arma mucho más poderosa que la pluma y la espada, el arma secreta llamada “spoiler”, ¿quién no ha amenazado al otro con contarle algún suceso (para él,  futuro) de alguna serie? ¿Quién no ha sentido ese poder divino de saber el desenlace de la trama de una ficción? ¿Quién no ha saboreado el placer de conocer el final de una serie, novela, película o tira cuando sus semejantes no? El spoiler es poder, solo hay que saber aprovecharlo.

Aunque todo esto no responde mi duda existencial ¿qué nos lleva, muchas veces a ver y rever las mismas series o películas? ¿Acaso no las disfrutamos demasiado? ¿Quizás nos fijamos en los detalles que anteriormente no prestamos atención? No lo sé, y espero que la ciencia o la psicología me lo responda (o no, que se yo).

Para ir terminando queda decir que Netflix y sus pares se han adentrado en nuestras vidas y son parte de nuestro día a día, el servicio pago con moneda extranjera es uno de los pilares fundamentales del esparcimiento cotidiano. Las series y películas son la droga virtual a la que estamos acostumbrados y son capaces de manipular nuestros tiempos, de desvelarnos aun sabiendo que al otro día debemos levantarnos para conseguir el dinero con el que pagamos los mismos y así crear un círculo vicioso interminable.

La comodidad de estar tirado en tu sala o habitación mirando esa serie que te tiene atrapado no se paga con nada, solo que no nos damos cuenta. El australopitecus nunca previó que sus descendientes pasarían horas y horas de sus vidas frente a una pantalla sin preocuparse, aunque sea por un momento, de la comida y de no ser comidos.

Ahora, me despido, tengo que terminar la cuarta de La casa de papel.

Au revoir Shoshanna!

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